Desmontando el movimiento antivacunas.

El movimiento antivacunas, un tema de candente actualidad, encuentra su origen en el siglo XIX, en Inglaterra, cuando Edward Jenner (1749-1823) descubrió la vacuna para la viruela (enfermedad vírica, muy contagiosa y con una alta tasa de mortalidad).

Historia del movimiento antivacunas

La vacuna del doctor Jenner fue un gran éxito, tanto que condujo a una campaña de vacunación por América, China y Filipinas que duraría 3 años. Esta expedición fue conocida como Expedición Balmis. Posteriormente, en el año 1803, Jenner fue nombrado presidente de la Sociedad Jenneriana, cuyo objetivo era, principalmente, promover la vacuna contra la viruela.

A la derecha un niño vacunado, a la izquierda uno sin vacunar contra la viruela.

En esta época la vacunación en Inglaterra no era una opción sino una obligación, de hecho, los padres que no vacunasen a sus hijos debían enfrentarse a multas de enormes cantidades de dinero.

Sin embargo, a pesar de que la vacuna de la viruela era segura, el virus continuaba causando muchas muertes en todo el mundo. Los fallecidos se trataban de personas que no habían sido vacunadas, sin embargo eso no impidió que apareciesen los primeros detractores de la vacunación.

Después de varios años de lucha de los detractores de la vacuna, en el año 1853 consiguieron crear en Inglaterra la Liga Anti-Vacunación, considerada la precursora de los movimientos actuales.

Por otro lado, en Francia, Louis Pasteur (1822-1895) inició sus experimentos con la vacuna de la rabia. El procedimiento consistió en inocular el virus atenuado químicamente a un niño de 9 años. El resultado fue bueno, sin embargo, el hecho de inocular un agente vírico en su ser humano horrorizó a un gran número de personas, de entre las cuales se encontraban varios trabajadores de Pasteur que abandonaron el laboratorio inmediatamente.

Al otro lado del océano, en Estados Unidos, los brotes de viruela sucedidos a finales del siglo XIX condujeron a varias campañas de vacunación, que trajeron consigo el auge de varios movimientos antivacunas.

En el año 1879 se fundó la Sociedad Antivacunas de Estados Unidos.

100 años después.

Ya más adelante, en la década de 1970 resurgió la controversia. Esta vez, a causa de la vacuna DPT (Difteria, Tétanos y Tos Ferina), a raíz de un informe del Hospital para niños enfermos Great Ormond street en Londres que afirmaba que 40 niños habían sufrido problemas neurológicos posteriormente a recibir la vacuna DTP. El tema fue muy mediático, apareciendo repetidamente en la televisión y periódicos, creando una desconfianza general hacia las vacunas. Para rematar el tema, el médico Gordon Stewart, publicó toda una serie de informes cuyo fin era relacionar la vacuna DTP con trastornos neurológicos.

Mientras tanto, en Estados Unidos, en 1982 se publicó un documental llamado DPT: Vaccination Roulette que ponía de manifiesto las reacciones adversas a la vacunación.

Fue así, como un movimiento iniciado en el siglo XVIII, sigue teniendo una gran repercusión a día de hoy: gracias a los medios, a noticias mal contrastadas, a la continua búsqueda de noticias sensacionalistas que impacten al público y a personas desinformadas.

Actualmente, el movimiento antivacunas se ha visto reforzado por la crisis sanitaria vivida.

¿Qué son las vacunas?

Una vacuna es una preparación que una vez inoculada activa la respuesta del sistema inmunitario haciendo que se genere inmunidad adquirida. De esta manera, si nos enfrentamos a un patógeno, nuestro cuerpo ya tiene las “armas” (los anticuepos) para defenderse.

Vacunas las hay de diversos tipos:

– Vacunas vivas: Utilizan una versión atenuada del patógeno del cual te protegen. Ejemplos: viruela, la varicela..

– Vacunas muertas: Utilizan el patógeno muerto. Ejemplos: poliomielitis, hepatitis A.

– Vacunas de toxoide: Se utiliza en enfermedades que están causadas no por una bacteria sino por la toxina que ésta produce. En ellas se inocula el toxoide. Ejemplos: difteria, tétanos.

– Vacunas subunitarias/conjugadas: Se utiliza una parte del patógeno como puede ser un polisacárido, una proteína, la cápsula… Ejemplos: Hepatitis B, Neumocócica, Meningocócica…

Más información sobre las vacunas aquí.

Argumentos de los antivacunas.

Los movimientos antivacunas se oponen a éstas porque les atribuyen efectos negativos. Efectos negativos que no están respaldados por ningún estudio científico.

El problema viene cuando los medios se hacen eco de una información mal contrastada y sin fundamento. Peor aún cuando se trata de una persona con cierta repercusión social, cuyas palabras van a llegar a miles de personas. Por ejemplo, en el año 2017, el periodista Javier Cárdenas hizo las siguientes declaraciones en el programa Levántate y Cárdenas, de Europa FM: “las vacunas contienen metales pesados que el cuerpo del niño es incapaz de absorber, causando autismo”. Realizar tales declaraciones en un programa tan escuchado no es más que una muestra de irresponsabilidad.

En el año 2020, se corre la noticia de que se quieren implantar microchips en las vacunas para controlar a la población. Esta noticia es tan inverosímil que podría parecer una broma, sin embargo, está llegando a mucha gente porque personajes de la talla de Miguel Bosé o Enrique Bunbury, artistas bien reconocidos en nuestro país, la están difundiendo.

Vacunas y autismo.

Este es uno de los argumentos más utilizado por los antivacunas. Afirman que existe una correlación entre los trastornos del espectro autista y las vacunas, en concreto con la vacuna triple vírica.

Se apoyan en este argumento a raíz de un estudio realizado por Wakefield en el año 1998, estudio que fue publicado en una prestigiosa revista de medicina. Sin embargo, la OMS revisó el caso concluyendo que no había una relación causal entre el autismo y la vacuna. Posteriormente se negó la validez del estudio, llegando incluso a inhabilitar a Wakefield para ejercer la medicina, ya que, de hecho, los resultados estaban falseados.

A pesar de haberse demostrado que los resultados eran falsos, se continua con esta creencia.

A día de hoy no existe ningún estudio que respalde estas afirmaciones.

Metales pesados en las vacunas.

Este es otro de los argumentos más utilizados y viene a raíz de uno de los componente de las vacunas, el Tiomersal. Se trata de un conservante que contiene mercurio. Es utilizado en las vacunas muertas. Además de como conservante, también es utilizado en la inactivación de ciertos microorganismos durante la producción de las vacunas.

La cantidad de mercurio utilizada en dichas vacunas es tan pequeña (<0’1%) que no supone riesgo alguno para la salud.

Inmunidad de grupo

Una de las razones por las que el movimiento antivacunas está teniendo tanto auge es porque en la actualidad se tiene seguridad. Esa seguridad lleva a afirmaciones cómo “¿Por qué debería vacunar a mi hijo contra el virus de la poliomielitis si ya no nos afecta?” Si el virus tiene una incidencia mínima gracias a las personas que han sido vacunadas. Es lo que se conoce como inmunidad de grupo: Una enfermedad no te afecta porque un determinado número de personas han sido vacunadas. Es decir, las personas vacunadas actúan de “cortafuegos” de la enfermedad para las personas que no están inmunizadas.

Si dejásemos de vacunarnos, la inmunidad de grupo iría desapareciendo progresivamente, con el consiguiente aumento de la prevalencia de enfermedades que, a día de hoy tienen una prevalencia bajísima.

No vacunar a tu hijo resulta una irresponsabilidad ya que, la inmunidad de grupo es importante para las personas que, por motivos médicos, no puedan ser vacunadas. Es decir, personas inmunodeprimidas o transplantadas. El determinante para se vean o no afectadas por un patógeno va a radicar en que la población se encuentre vacunada y actúe de cortafuegos, protegiendo de esta manera a la población en riesgo.

Es por este motivo que la vacunación no debería ser opcional, cuando decides no vacunar a tu hijo, no sólo le pones en riesgo a él, sino que supone un peligro de salud pública. No sólo se trata de un acto irresponsable y carente de sentido sino que además es egoísta.

Más aún si se tiene en cuenta que se ha demostrado en una infinidad de estudios que las vacunas son seguras. El movimiento antivacunas se basa en estudios que a día de hoy se ha demostrado que estaban falseados.

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Alba Gonzalez Sánchez

Bióloga graduada en la Universidad de Valencia, mención en biología sanitaria. Actualmente estudiando un posgrado de microbiología clínica y trabajando de investigadora en la Universidad Agroparistech, en París. Investigando en microbiología y en genética molecular. Instagram: @lentejasdeaude Twitter: @AlbaGonzlezSnc2

11 pensamientos sobre “Desmontando el movimiento antivacunas.”

  1. Genial e interesantísimo artículo, es una lectura que recomiendo a todo el mundo en estos tiempos que corren para luchar contra los bulos y la desinformación que a veces se vuelven mas virales que la propia pandemia.

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