Cupido en tus hormonas: la oxitocina

El 14 de febrero celebramos San Valentín y las calles se llenan de corazones y alusiones al amor. Esta celebración tiene sus orígenes en la religión cristiana, cuando Valentín de Roma casaba a los soldados con sus parejas. Ahora, independientemente de religión u orientación sexual, se celebra el Día de los Enamorados. Aprovechando esta fecha tan señalada, hoy te quiero hablar de las bases biológicas del amor y cómo depende de nuestras hormonas. Concretamente, la oxitocina tiene su efecto en el apego y el emparejamiento a largo plazo.

¿Qué es la oxitocina?

La oxitocina es un nonapéptido: una molécula formada por nueve aminoácidos. Se produce en el hipotálamo, un área del cerebro del tamaño de una almendra que se encuentra en la base del cerebro, y se almacena en la glándula pituitaria, desde donde se secreta al torrente sanguíneo.

El nombre de oxitocina proviene del término griego oxutokia, formado por las palabras ωχνξ (oxus, que significa repentino) y τoχoxξ (tokos, que significa parto), lo que significa nacimiento rápido y hace referencia a una de sus principales funciones: estimular las contracciones uterinas en el momento del parto. Estas propiedades fueron descubiertas en 1906 por el fisiólogo inglés Sir Henry Dale. Casi 50 años más tarde, en 1953, se determinó su estructura. Poco más tarde se produjo la primera oxitocina sintética.

La oxitocina es una corta cadena de péptidos que actúa tanto como neurotransmisor como hormona.

La estructura de la oxitocina está altamente conservada entre especies. Péptidos similares a la oxitocina se encuentran en mamíferos, pero también en pájaros, reptiles y hasta en artrópodos, entre otros. 

¿Cómo actúa la oxitocina en el organismo?

La oxitocina actúa a través de receptores específicos. Estos son proteínas que se encuentran en las membranas celulares y que se unen específicamente con una molécula y desencadenan una respuesta en la célula. 

Los receptores de oxitocina se encuentran tanto en el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) como en el resto del cuerpo. Por lo tanto, la oxitocina actúa como neurotransmisor, un tipo de molécula importantísima que se libera entre neuronas de diferentes áreas del sistema nervioso permitiendo que “hablen entre ellas” y así coordinar comportamientos específicos. Pero la oxitocina también actúa como hormona; cuando se libera desde la pituitaria al torrente sanguíneo actuando en el resto del cuerpo, dando lugar a procesos fisiológicos como las contracciones uterinas. 

La distribución de los receptores de oxitocina varía en diferentes especies. Concretamente, en mamíferos, son abundantes en áreas del cerebro y regulan los comportamientos sociales, emocionales y de recompensa. Fuera del sistema nervioso, los receptores de oxitocina se encuentran en el corazón, intestinos, tejido inmune, útero y pecho.

La «hormona del amor»

La oxitocina está implicada en muchos procesos. Dos de estos son fortalecer relaciones de emparejamiento a largo plazo y promover el vínculo materno-filial. Es por esto que se ha ganado el mote de «hormona del amor», siendo responsable de las sensaciones de afecto y apego. 

Los efectos de la oxitocina en el emparejamiento están también vinculados con los sistemas de recompensa y motivación, ya que la oxitocina facilita la liberación de dopamina en el cerebro. La dopamina es la responsable de la sensación de placer y está relacionada con los procesos adictivos. También puede que te resulte familiar, ya que la muerte de las neuronas secretoras de dopamina es la principal causa de la enfermedad de Parkinson

La implicación de la dopamina y la oxitocina en el establecimiento de relaciones monógamas se asocia con la sensación placentera del amor romántico. ¡Como si Cupido te alcanzara con su flecha! La oxitocina se libera también durante las relaciones sexuales. Al medir los niveles de oxitocina antes, durante y después del coito, se puede ver cómo fluctúan en función de la excitación. En este caso, también es importante la actuación de la dopamina, lo que hace que el sexo sea una actividad muy satisfactoria que crea afinidad entre la pareja debido a la oxitocina.

Los topillos amorosos

Los topillos de la pradera (Microtus ochrogaster) son pequeños roedores y el modelo animal ideal para estudiar las bases neurobiológicas de los sentimientos de apego y relaciones monógamas. Forman parte de un limitado grupo de mamíferos (entre un 3 y 5%) que forman relaciones monógamas sociales. Es decir, que los adultos en edad de madurez sexual forman vínculos duraderos con el que será su compañero preferencial de por vida, cooperando en el cuidado de las crías, acicalándose entre ellos y pasando su tiempo juntos. 

Los topillos de la montaña (Microtus montanus), parientes cercanos con los que comparten el 99% de su genoma, tienen un comportamiento completamente opuesto. No crean lazos monógamos duraderos después de aparearse ni tienen preferencia por un compañero en concreto. Se podría decir que son un poco más… promiscuos.

En la imagen de la derecha: una familia de topillos de la montaña, que forman vínculos duraderos con la misma pareja (fuente: Todd Ahern/AP/Emory University). En la imagen de la izquierda: un topillo de la motaña (fuente: https://www.inaturalist.org/taxa/44315-Microtus-montanus)

¿Cómo puede ser que se dé un comportamiento tan diferente en especies tan cercanas? La respuesta está en ese 1% en el que se diferencia su genoma. Es ahí donde se encuentran los genes que codifican para la oxitocina y sus receptores. Los topillos de la pradera secretan oxitocina. Los de la montaña, no.

La oxitocina en el parto y la lactancia

Como hormona, la función más conocida de la oxitocina es producir las contracciones uterinas en el momento del parto. Por eso, las personas gestantes a las que se les tiene que inducir el parto se les administra oxitocina para producir artificialmente las contracciones del útero. Además, la oxitocina estimula la producción de leche después del nacimiento de la cría y disminuye los efectos de las hormonas causantes del estrés en la madre.  

Se hipotetiza que el comportamiento maternal está altamente regulado por la oxitocina. Por otro lado, del mismo modo que esta hormona crea la sensación de emparejamiento, también es la responsable de generar vínculos familiares.

Más allá del amor

La función de la oxitocina está implicada con diferentes comportamientos sociales. Uno de estos comportamientos es el reconocimiento social en animales. Es decir, la capacidad de reconocer a los individuos con los que interactúa para identificar si pertenecen a su grupo social, estando así relacionada con la memoria social. En primates (y por lo tanto, en humanos), esta memoria depende mayormente de la vista y el oído, mientras que en los roedores está mediado por el sistema olfativo. En humanos, aumenta la capacidad de reconocer caras.

La oxitocina también afecta a comportamientos no sociales, como en el aprendizaje y la memoria, y tiene efecto sobre la ansiedad y el estrés.

Para acabar…

Los efectos de la oxitocina son muchos y abarcan una gran cantidad de comportamientos y procesos fisiológicos. Se está estudiando su potencial aplicación como componente terapéutico en enfermedades que tienen afectada alguna dimensión del comportamiento social, como la esquizofrenia y el autismo. Se está viendo que podría generar mejoras en, por ejemplo, el reconocimiento de emociones o en inferir el estado mental.

Referencias

  • Bosch, O. J., & Young, L. J. (2017). Oxytocin and Social Relationships: From Attachment to Bond Disruption. Current Topics in Behavioral Neurosciences, 97–117. doi:10.1007/7854_2017_10 
  • De Boer, A., van Buel, E. M., & Ter Horst, G. J. (2012). Love is more than just a kiss: a neurobiological perspective on love and affection. Neuroscience, 201, 114–124. doi:10.1016/j.neuroscience.2011.11.017 
  • Gruber, C. W. (2013). Physiology of invertebrate oxytocin and vasopressin neuropeptides. Experimental Physiology, 99(1), 55–61. doi:10.1113/expphysiol.2013.072561 
  • Lee, H.-J., Macbeth, A. H., Pagani, J., & Young, W. S. (2009). Oxytocin: The Great Facilitator of Life. Progress in Neurobiology. doi:10.1016/j.pneurobio.2009.04.001 
  • Magon, N., & Kalra, S. (2011). The orgasmic history of oxytocin: Love, lust, and labor. Indian journal of endocrinology and metabolism, 15 Suppl 3(Suppl3), S156–S161. https://doi.org/10.4103/2230-8210.84851
  • Zeki, S. (2007). The neurobiology of love. FEBS Letters, 581(14), 2575–2579. doi:10.1016/j.febslet.2007.03.094 
  • Zik, J. B., & Roberts, D. L. (2015). The many faces of oxytocin: Implications for psychiatry. Psychiatry Research, 226(1), 31–37. doi:10.1016/j.psychres.2014.11.048

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

nv-author-image

Victoria Brugada Ramentol

Una bióloga de Barcelona que durante el doctorado usó ambientes virtuales para estudiar los procesos de integración multisensorial en la auto-representación en Lisboa. Interesada en el papel de las tecnologias emergentes en las neurociencias y la neuropsicología. Ahora, trabaja con diseñadores de juegos para crear un app de entrenamiento cognitivo en realidad virtual.