¿Cómo afecta la pandemia a la propagación de la gripe?

Durante la 1ª Guerra Mundial, apareció en EEUU un brote de gripe que rápidamente se extendió al resto del mundo. El nombre que se le dio a esta gripe no se debe a su origen o mayor incidencia, sino a que en España (neutral en la guerra) aparecía en los periódicos sin ningún tipo de restricción de información. Los síntomas con los que comenzaba eran fiebre, coloración de piel grisácea, pulso rápido o respiración superficial, aunque todos se fueron agravando a medida que avanzó el desarrollo de la pandemia.

Si quieres conocer la sintomatología, características o bases epidemiológicas de la gripe para establecer una base de lo que a continuación vas a leer, te recomiendo este otro artículo.

En el caso del coronavirus actual, los síntomas (que suelen aparecen entre 2-14 días tras la exposición al virus) son muy variados. De hecho, muchos de ellos aún se siguen descubriendo. Los más habituales son la pérdida de olfato y gusto, dolores de cabeza y musculares, náuseas, vómitos, dolor de garganta o dificultad respiratoria. Esta sintomatología se puede complicar bastante y llegar a necesitar atención médica, sobre todo en pacientes de riesgo (personas mayores, con problemas respiratorios o inmunodeficiencias, entre otros).

Un estudio publicado en julio de 2020 por el Centro de Investigación de Virus de la Universidad de Glasgow, desvela que el SARS-CoV-2 (la variante de esta pandemia) proviene de una cepa de coronavirus poco «específica» que ha circulado entre los murciélagos de herradura (Rhinolophus ferrumequinum) durante varias décadas.

Distinguir entre la gripe y el coronavirus resulta complicado, ya que ambas son enfermedades respiratorias. Sin embargo, se sabe que el SARS-CoV-2 es algo más contagioso, sus síntomas aparecen más tarde y de forma más prolongada, e incluso con mayor gravedad. Aun así, en la mayoría de ocasiones es necesario realizar análisis que confirmen el tipo de patología.

Sin embargo, poner a la misma altura la pandemia de 1918 y la actual sería incorrecto, ya no sólo por el desarrollo tecnológico, sino por la situación sociosanitaria de cada época. Los avances conseguidos en los últimos 50 años, las nuevas técnicas de detección y prevención, así como las campañas de vacunación, se han traducido en una reducción drástica de las muertes a la mitad.

¿Cómo se vigila la gripe en España?

El Sistema de Vigilancia de la Gripe en España (SVGE) es el método usado para controlar tanto la gripe como el resto de virus respiratorios. Está basado en distintas fuentes de información y sistemas, que buscan dar una visión global del comportamiento de este tipo de enfermedades. Algunas de las bases de este sistema de comunicación son:

  • La vigilancia centinela de infección respiratoria aguda (IRA) en los centros de Atención Primaria.
  • La vigilancia centinela de infección respiratoria aguda grave (IRAG) en los hospitales.
  • La notificación de brotes de gripe.

La implantación de estos nuevos sistemas de seguimiento supone un reto importante, más si cabe con la actual situación en la que se dificulta enormemente el seguimiento de casos, la participación del personal implicado y el control de la enfermedad. Esto ocurre porque en muchas CCAA aún no tienen implantado el sistema centinela IRA, por lo que se les permite utilizar otros sistemas de notificación.

Desarrollo de la gripe estacional en los últimos años

Durante los últimos años, los casos de gripe se han mantenido más o menos constantes, así como el número de defunciones. Pero, si estudiamos la tendencia en períodos más largos, el número de fallecidos ha disminuido a la vez que las campañas de vacunación aumentaban la cobertura, lo que sirve para demostrar su efectividad.

Según el Ministerio de Sanidad, desde el 2010 el porcentaje de vacunación en personas de más de 65 años no ha bajado del 54% de la población objetivo. De hecho, en la campaña del año pasado, la mejor cobertura se logró en personas de más de 75 años con un 63.5% de media. Incluso en el personal sanitario se logró alcanzar un 40%. Aún así, seguimos por debajo del objetivo establecido por la UE.

En realidad, no resulta muy relevante acudir a los datos de cada año, sino observar la tendencia con el paso del tiempo. La reducción desde la 2ª Guerra Mundial hasta la actualidad del número de muertes por gripe a más de la mitad es un hecho importante, aunque podría ser aún mayor si se le diera a la enfermedad la importancia que merece.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), desde 1980 ha habido una tendencia decreciente en las defunciones por los virus de la gripe (incluida la gripe A). Si bien es cierto que en los últimos años aparece un repunte, éste podría deberse a mejoras en la detección de la enfermedad, a que las campañas de vacunación no han sido tan fructíferas o a que la cepa de virus de esos años han resultado ser más agresivas. Por esta razón, es importante no quedarse en los datos anuales y observar la variación en periodos amplios.

Número de muertes anuales por gripe del periodo 1980 – 2018
Fuente: Instituto Nacional de estadística (INE)

Por todos esto, debemos valorar las actuaciones de esta pandemia como útiles para otras enfermedades infecciosas . El conjunto de medidas actuales van desde las más generales (mascarillas, gel, aislamiento…) hasta las más específicas (test de antígenos, PCR…), lo cual permite establecer una base de concienciación para futuros casos.

Mascarillas: algo más que prevención de la Covid-19

Uno de los cambios más notorios en nuestro día a día ha sido el uso obligatorio de la mascarilla. Ha pasado de ser observada con recelo en la población asiática, a formar parte de nuestra vida diaria. Y es que resulta evidente que su uso ha reducido enormemente la transmisión comunitaria del coronavirus, pero ¿solo ha servido para eso?

Si acudimos a los datos de transmisibilidad de la gripe de esta campaña aportados por el Centro Nacional de epidemiología, se observa un índice de transmisión moderado en todas las edades, excepto en los mayores de 64 años, donde fue bajo. En el caso de los menores de 15 años se alcanzó un pico de alto riesgo solamente en la semana de mayor incidencia de la pandemia.

Respecto al uso de las mascarillas, resulta complicado estimar el número de contagios que evitan, aunque sí conocemos cómo se transmite la gripe, entenderemos el por qué es tan importante usarlas frente a las enfermedades infecciosas.

Los principales mecanismos de transmisión de la gripe son las secreciones nasofaríngeas al hablar o estornudar (gotitas de Flügge) y el contacto con las manos o superficies inanimadas contaminadas (fómite). Por esta razón, algo tan sencillo como llevar la mascarilla o lavarse las manos con frecuencia puede reducir drásticamente la propagación de las enfermedades infecciosas.

¿Por qué no se logra acabar con la gripe?

La OMS establece que hay 3 tipos de virus de la gripe (A, B y C). La gripe A provocó la conocida epidemia de gripe aviar en el año 2009, mientras que la tipo C no suele producir epidemias, sino cuadros asintomáticos que rara vez se complican.

La variante responsable de las epidemias estacionales es la tipo B, que se transmite entre humanos. El problema de ésta es que no se conoce con claridad cuál es su reservorio animal (a diferencia de la gripe A, donde se sabe que en su mayoría son aves acuáticas o cerdos).

Acabar con las infecciones humanas de la gripe de origen zoonótico (es decir, transmitidas de animales a humanos) es casi imposible debido a la gran cantidad de reservorios silenciosos (aquellos que no se pueden detectar ni erradicar). Pero el desarrollo de medidas preventivas y de control son fundamentales para minimizar el riesgo a la salud pública. Dentro de estas medidas preventivas destacan las campañas de vacunación.

La eficacia de las mismas es alta en niños y adultos, aunque también reduce muchas complicaciones en ancianos y grupos de riesgo. Desde el punto de vista sociosanitario, resulta básico el desarrollo de campañas anuales que permitan reducir la propagación de la enfermedad. De hecho, la campaña de este 2020 ha reducido en un 37% la mortalidad por gripe en personas mayores de 64 años.

Cómo afecta la pandemia a la propagación de la gripe

Si nos centramos en los nuevos hábitos de higiene adquiridos, es evidente que disminuyen la propagación de la gripe y otras enfermedades infecciosas:

  • El lavado habitual de manos, junto con el uso de geles hidroalcohólicos, ha servido para disminuir el riesgo de contagio por contacto.
  • La distancia social y la limitación de reunión bajan el riesgo de transmisión que, en concordancia al punto anterior, han establecido una gran barrera preventiva.
  • El uso obligatorio de mascarilla no sólo evita la emisión o infestación por gérmenes, sino que ayuda a mantener las vías respiratorias cubiertas y protegidas (algo que en invierno reduce el riesgo de catarros o sufrir bajadas de defensa).
  • Cualquier medida adicional llevada a cabo por un sujeto mejora aún más si cabe la acción preventiva.

Por qué no olvidarnos de la gripe

Si nos preguntan exactamente hace 1 año la previsión del 2020, todos nos hubiéramos reído ante la posibilidad de una pandemia mundial. Y mucho menos habríamos creído que cambiara tanto nuestra forma de vida en tan poco tiempo.

A lo largo de la historia, han sido múltiples las pandemias que han sesgado a la población y han originado cambios en nuestra conducta a nivel global (o casi). Los cambios tan bruscos nunca son fáciles, pero es necesario adaptarse a ellos con relativa rapidez para minimizar el impacto social, sanitario y económico que puedan generar.

Por suerte, los avances tecnológicos actuales han permitido una actuación a corto y largo plazo sobre la enfermedad, lo que permite amortiguar el cambio y reducir riesgos. Sin embargo, la mayor parte de la responsabilidad todavía recae en cada uno de nosotros.

El uso de mascarillas, aumento en la higiene, reducir el contacto social o usar el sistema sanitario correctamente son algunos aspectos que no sólo hay que asumir, sino entender su necesidad y actuar en consecuencia. Las enfermedades no se curan solas, ¡hay que trabajar como sociedad!

Referencias

  • Cómo prevenir la influenza [Internet]. Centers for Disease Control and Prevention. 2020 [cited 14 December 2020]. Available from: https://espanol.cdc.gov/flu/prevent/prevention.htm
  • Sistema de Vigilancia de la Gripe en España. Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica [Internet]. Vgripe.isciii.es. 2020 [cited 10 December 2020]. Available from: https://vgripe.isciii.es/inicio.do
  • INE. Instituto Nacional de Estadística [Internet]. INE. 2020 [cited 16 December 2020]. Available from: https://www.ine.es/index.htm
  • Oromí Durich J. Medidas preventivas frente a la gripe. Medicina Integral; 2000
  • Burki T. The origin of SARS-CoV-2. The Lancet Infectious Diseases. 2020;20(9):1018-1019.
  • Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) – Symptoms [Internet]. Centers for Disease Control and Prevention. 2021 [cited 10 January 2021]. Available from: https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/symptoms-testing/symptoms.html
  • Gripe: balance final de la temporada 2019-2020 | Comité Asesor de Vacunas de la AEP [Internet]. Vacunasaep.org. 2021 [cited 10 January 2021]. Available from: https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/gripe-espana-balance-2019-2020

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Adrián Díaz Caselles

Hola a todos, me llamo Adrián y soy técnico de laboratorio. Actualmente estoy trabajando en un proyecto de investigación, y en mis ratos libres, soy un amante de la divulgación y el emprendimiento. Espero que con mis pequeñas aportaciones, ¡disfrutéis de la ciencia tanto como yo lo hago!