Caperucita roja, Los tres cerditos, El lobo y los siete cabritillos… Cuentos que, desde que tenemos uso de razón la totalidad de los niños y niñas conocemos. Todos con algo en común, el malo de la historia. Asesino, vil, mentiroso, embaucador… El lobo, casi siempre simbolizando los peores valores existentes, depredador de nuestro indefenso ganado y emisor de tenebrosos aullidos que siembran el miedo en el cuerpo de muchos; pero también una especie amenazada, con una labor estabilizadora de los ecosistemas importantísima que lleva a toda la comunidad científica a luchar por su conservación. ¿Cuál de estas dos caras es realmente la verdadera? ¿Quién está equivocado en este juicio de valores? Hablemos sobre el lobo.

Conoce a la especie del lobo

Antes de nada vamos a conocer a los lobos, una única especie carnívora dentro de la familia de los cánidos (Canidae) que surge hace unos 800.000 años. Podréis pensar: “¿Una única especie? Pero, hay lobos en varios continentes y son muy diferentes entre sí…”. Es cierto, sin embargo todos pertenecen a la misma especie: Canis lupus. Lo que ocurre es que hay diferentes subespecies, y aunque los científicos no se ponen de acuerdo en cuanto a la variedad existente, el número oscila desde unas 13 hasta la friolera de 37 diferentes.

¿Y qué es exactamente una subespecie? Subespecie se refiere a una población aislada que habita una región concreta, y que, aunque presenta pequeñas diferencias con respecto a la especie a la que pertenece, sigue manteniendo características propias de ésta. Llegados aquí podréis pensar que hay muchos peces, aves, anfibios, mamíferos incluso…, que a pesar de ser muy parecidos entre sí pertenecen a especies distintas. Pero aquí viene otra puntualización clave: las subespecies pueden emparentarse y cruzarse y tener descendencia viable y fértil. Esto quiere decir que, si cogiésemos un lobo de América y otro de Europa (distintas subespecies pero ambos Canis lupus) y consiguiésemos que se reprodujeran, tendrían lobeznos totalmente sanos que a su vez, cuando maduraran, podrían tener su propia camada sin problemas.

Aunque, como suele ocurrir en la taxonomía, aparecen ejemplares que dan más dolores de cabeza que otros. Este es el caso del perro doméstico, el cual algunos autores consideran que es una especie distinta dentro de la familia de los cánidos (Canis familiaris), mientras que otros consideran que es una subespecie más del lobo (Canis lupus familiaris). Y como para esta cuestión no hay una verdad absoluta, cada cual que elija bando y busque argumentos para defenderlo como en el fútbol, la política o Juego de Tronos. Esta discrepancia de ideas entre los investigadores ocurre también con el Dingo, el lobo presente en Australasia; y con el Perro cantor, endémico de Nueva Guinea.

Distribución y conservación de Canis lupus

El lobo es el cánido salvaje más ampliamente distribuido del planeta, se habla de que es una especie holártica; esto quiere decir que su hábitat se extiende por todo el Hemisferio Norte. Si bien, en las últimas décadas, sus poblaciones han retrocedido enormemente en todo el mundo debido a la presión que ejerce sobre esta especie el ser humano, tanto directa (persecución y caza) como indirectamente (destrucción de su hábitat). A causa, sobre todo, de su mala fama, las poblaciones de este animal que se encontraban más al sur del Hemisferio Norte, han ido desapareciendo (color rojo en el mapa) y actualmente, los lugares donde todavía habitan se han visto restringidos a las zonas más norteñas (color verde en el mapa).

La influencia que tiene el ser humano en el lobo afecta en gran medida de manera negativa, ya que la caza directa y la destrucción de su hábitat son las mayores causas de la desaparición del lobo.

A pesar de ser el lobo uno de los animales con mayor capacidad de adaptación a los cambios, no ha sido capaz de tomar la delantera a un titán destructor como es el hombre. El estado actual de conservación de la especie general (Canis lupus) es de “Preocupación menor”, debido a su variedad genética y a su extensa distribución. Pero, si nos centramos en regiones concretas, casi todas las subespecies están listadas en alguna de las categorías amenazadas. Al estar repartidos en un área tan vasta, su estatus de conservación es muy inestable entre los distintos territorios que habita. Mientras que en unas zonas está fuertemente protegido, en otras son exterminados sin escrúpulos por deporte o por su supuesta amenaza de cara a ciertas actividades humanas.

Importancia ecológica de la especie del lobo

Sabemos que la relación entre lobo y humano siempre ha sido una cuestión de extremos. Desde los albores de la humanidad, este animal siempre se ha encontrado dotado de una gran carga simbólica dual en las diferentes culturas y civilizaciones. Bien era un ser que propiciaba la vida, como la loba Luperca que crio a Rómulo y Remo, los creadores de Roma; o por el contrario, era causa de destrucción, como el lobo Fenrir en la mitología nórdica, que desencadenó el Ragnarök, el fin del mundo. Pero más allá de la mitología, el motivo de odio siempre fue, por supuesto, que el lobo es un gran depredador que ataca al ganado doméstico y que es responsable de numerosas pérdidas. Algo que a día de hoy sigue ocurriendo en aquellos lugares donde los lobos tienen que convivir con explotaciones ganaderas.

Entonces, siendo un animal que ocasiona tantos perjuicios… ¿por qué debería importarnos su conservación? Para empezar, porque éticamente nosotros no deberíamos autoproclamarnos, con esa osadía que nos caracteriza, decisores sobre la vida de ningún ser. Pero más allá de estas cuestiones y, por encima de la importancia social, cultural o económica que posee la especie (también de gran transcendencia), tiene sobre todo un increíble valor ecológico. El lobo es el carnívoro más numeroso que habita al norte del Ecuador, y como tal, su papel en el ecosistema es fundamental.

La cúspide es el lugar del lobo en la cadena trófica, su desaparición hace que todo el ecosistema se desequilibre. Pero al dominar esta cumbre también presta una serie de servicios de gran magnitud al ecosistema en el que habita. El más importante es el control de las poblaciones de grandes herbívoros. Los lobos tienen como presa favorita los ungulados (mamíferos que se apoyan y caminan sobre el extremo de los dedos), como ciervos, jabalíes, grandes cabras salvajes… El control de las poblaciones de estos animales les da, además, dos valores añadidos, como son la regulación de enfermedades y el aumento de cubierta vegetal y de la producción agrícola.

Su papel como cirujano

Como decíamos anteriormente, regulan enfermedades, ¿cómo? Pues bien, en ocasiones, las presas de estos lobos sufren de patologías que pueden contagiar, tanto a otros animales (entre ellos los domésticos), como al ser humano (por zoonosis). Ya que los lobos tienden a elegir como alimento a los ejemplares más débiles, este riesgo se mitiga. Ejercen, por tanto, de sanitarios, «cirujanos» que extirpan un mal del ecosistema.

Un claro ejemplo de esta labor se ve en los jabalíes enfermos. En los últimos años, los jabalíes salvajes han desarrollado dos patologías a tener muy en cuenta. Una es la peste porcina africana, afección que puede ser transmitida al ganado porcino doméstico, el cual tiene que ser sacrificado de inmediato con las grandes pérdidas que eso conlleva. Y la otra es la brucelosis o fiebre de malta, enfermedad zoonótica (que puede volverse crónica en los humanos) cuyos niveles de seroprevalencia en las poblaciones de jabalíes de España es de más del 15 %. Ambas enfermedades muestran una menor incidencia en aquellas zonas donde hay lobos que se alimenten de jabalíes.

Jardinero y agricultor

El segundo de sus méritos adicionales es que favorecen la recuperación forestal, al limitar el número de herbívoros alimentándose. Esto permite el crecimiento de un área de cubierta vegetal mayor, que será capaz de secuestrar más cantidad de CO2, gas de efecto invernadero que favorece el calentamiento global. Así, sin pretenderlo, los lobos también ejercen la labor de jardineros y mitigan el sobrecalentamiento global, al cuidar la flora presente en su hábitat.

Hay veces en las se cambian las tornas, y los herbívoros silvestres se vuelven bellacos, al causar auténticos destrozos por alimentarse de campos de cultivo. También, estos terrenos están amenazados más intensamente aún por otros seres más pequeños como conejos, topillos… La especie del lobo depreda sobre esos herbívoros; pero además, en momentos puntuales, no es raro que tomen como snack alguno de los otros seres más pequeños. De esta manera, sin querer, la presencia de lobos es motivo de aumento de la producción agrícola. Así, a parte de cirujano y jardinero, se vuelve también agricultor, aportando grandes beneficios de nuevo a uno de los sectores que más lo desprecia, sin que éste sea apenas consciente.

Otros oficios extra

Antes veíamos que no es raro que, en épocas de escasez, los lobos busquen cualquier recurso que tengan a pata, por lo que, en algunos casos, un cadáver abandonado es un gran festín para ellos. Al aprovechar esta carroña están eliminando restos de la naturaleza que pueden ser foco de infecciones. De igual forma, los restos sin aprovechar de sus presas quedan ahí para otros muchos seres que quieran servirse (escarabajos, buitres, zorros, bacterias, hongos…). Así, junto a todas las labores anteriores, se convierte en basurero y voluntario de un comedor social.

El segundo de los oficios extra los va a convertir en guardaespaldas del hombre. ¿En serio? ¿Y esto por qué? Pues bien, los lobos odian la competencia con otros cánidos, así que, no dudan en eliminar a aquellos que se dignen a pisar sus dominios. ¿Y qué tiene que ver esto con nosotros? La gran mayoría de los ataques por cánidos que sufre el hombre y su ganado son ocasionados por perros silvestres abandonados, bastante osados y sin miedo a la cercanía con humanos; los lobos, por el contrario, son bastante reservados y tienden a huir de nosotros. Al ejercer de «sicarios» de estos perros, salvaguardan nuestra vida y la de nuestras reses.

Yellowstone – El experimento ecológico más celebrado de la historia

El lobo controla las poblaciones de herbívoros de gran tamaño en el parque de Yellowstone. Debido a la actividad de los humanos, como la caza y la destrucción de su hábitat, varias subespecies están en peligro hoy en día.

Para terminar, vamos a viajar hasta el parque nacional más antiguo del mundo: el Parque Nacional de Yellowstone. Aquí, tuvo lugar un experimento algo particular, pues se llevó a cabo en un laboratorio de unos cuantos miles de hectáreas. Por supuesto, tiene como protagonista a la especie del lobo, y es uno de los experimentos más importantes para la ecología de este animal. Esto se debe a que demostró, no sólo los beneficios que ya se sabía que aportaba, sino otros muchos que no se llegaron a imaginar en un principio.

Los inicios

En 1872 se crea este parque, pero al ser el primero, su gestión no era la adecuada. Los animales no estaban protegidos, así como tampoco lo estaba el territorio. Los lobos, cada vez más oprimidos por la destrucción de su hábitat y la falta de alimento tuvieron que empezar a dar cuenta del ganado, adquiriendo odio y mala prensa. Se decide acabar con ellos (así como con los pumas) por completo, y en 1926 se acaba con la última manada residente. Esto terminó por romper completamente el equilibrio que reinaba en este lugar.

Sin ninguna preocupación, al no haber depredadores, los grandes herbívoros del parque (ciervos canadienses, alces, bisontes americanos…) campaban a sus anchas, comiendo todo lo que podían y reproduciéndose sin medida. La vegetación empezó a desaparecer al verse sobreexplotada, especialmente la vegetación de la ribera de los ríos, provocando que éstos excavaran más en el terreno. El suelo, cada vez más compactado por las pisadas, estaba desapareciendo, convirtiendo ciertas zonas en parajes yermos, sin cubierta vegetal. La situación era insostenible, y ni siquiera la caza de estos herbívoros era suficiente.

Vuelven los lobos

Finalmente, tras mucho trabajo, en 1995 se empezaron a reintroducir los lobos. Con tan sólo 31 ejemplares liberados en dos tandas diferentes, el éxito fue aplastante. No hizo falta la introducción de más individuos para repoblar este parque. Estos nuevos pobladores iniciaron una cascada de acontecimientos y de relaciones ecológicas más acentuada de lo que se había esperado en un principio.

La primera de las consecuencias obvias es que el número de herbívoros se vio reducido. Pero además, éstos para evitar ser atacados, tuvieron que volverse más nerviosos y esquivos. Así, pasaban mucho menos tiempo comiendo en el mismo lugar, lo que posibilitó que la vegetación se desarrollase más. Con esto, aparecieron más insectos, lo que atrajo adicionalmente a un mayor número de aves insectívoras. También las cifras de carroñeros, como el coyote o los buitres, se vieron incrementadas.

El lobo o canis lupus es un cánido que juega un papel muy importante a la hora de controlar la población de herbívoros de gran tamaño, como son los ungulados.

Otro cambio importante y totalmente inesperado, al margen del florecimiento de especies, fue el modelado del terreno y la geografía del parque. La vegetación desaparecida de las zonas del cauce del río volvió a brotar. Las corrientes se volvieron más rápidas al disminuir la profundidad y el número de meandros. Además, el suelo se recuperó en gran medida, gracias al menor pisoteo de los herbívoros y el cese de la sobreexplotación continua, lo que hizo que se desarrollara mayor cubierta vegetal, quedando así más protegido frente la erosión.

Canis lupus. ¿Gran héroe americano?

Tras ver el éxito sin precedentes que la reintroducción del lobo ha traído en este territorio, podemos concebir a esta especie como un héroe en vez de como el villano al que solemos estar acostumbrados. Sin embargo, y a pesar de ser el protagonista, ningún héroe tiene éxito sin un buen ayudante. En este caso, ha sido más bien una ausencia la que le ha dado el triunfo: la ausencia del ser humano.

¿Nosotros? Efectivamente, el experimento de Yellowstone no hubiese triunfado de no ser por nivel mínimo de interacción que tuvieron los lobos con el hombre. Las zonas donde realmente ha funcionado la reintroducción, son aquellas que están protegidas de la caza, y libres de ganadería y agricultura.

Sin embargo, toda historia con final feliz tiene su pequeña parte amarga. En este caso, la parte desapacible de la historia es que, a pesar de la presencia de los lobos, hay algunas zonas que aún no se han recuperado. La vegetación no ha vuelto a crecer como antaño y los herbívoros, a pesar de la presencia del lobo, no cambian sus hábitos. Pero no hay que perder la esperanza. Este experimento lleva en marcha menos de 30 años, y el parque ha estado privado de los lobos durante siete décadas. Quizá algún día, con esfuerzo y paciencia, los efectos causados por la desaparición de la especie del lobo se puedan revertir.

Conclusiones

Como ya hemos visto, el lobo es un depredador de suma importancia para el orden de los ecosistemas. Si el león puede ser el rey de la selva (incluso sin habitarla), el lobo debería serlo del bosque, y no Bambi. Es cierto que ocasiona daños, y éstos han despertado el odio en su relación con el humano. Sin embargo, en pleno siglo XXI deberíamos buscar la convivencia con este animal. Además, si lo pensamos detenidamente, no es un ser tan diferente a nosotros. Cuando mata, lo hace por necesidad, un motivo mucho más noble del que podemos tener nosotros en algunas ocasiones. Y la dedicación que muestra para con su familia, tampoco dista nada del amor que nosotros podemos sentir por la nuestra.

Dejemos atrás la figura casposa del ser que engaña y se cena a nuestra abuelita. Valoremos a la especie del lobo como lo que es: inteligente, que crea grandes lazos con los suyos, y que merece la pena proteger; no sólo por su carisma, sino también por el amparo que su conservación da al resto del ecosistema. Y más allá del utilitarismo, conservarlo por el simple hecho de que está presente, y no debería dejar de estarlo sólo porque unos pocos, que lo consideran molesto, así lo decidan.

Referencias

«What are the benefits of delisting endangered species and who receives them?: Lessons from the gray wolf recovery in Greater Yellowstone» (2020) https://doi.org/10.1016/j.ecolecon.2020.106656

«Large carnivore extirpation linked to loss of overstory aspen in Yellowstone» (2019) https://doi.org/10.1016/j.fooweb.2019.e00140

«Linking anti‐predator behaviour to prey demography reveals limited risk effects of an actively hunting large carnivore» (2013) https://doi.org/10.1111/ele.12133

«Large predators and trophic cascades in terrestrial ecosystems of the western United States» (2009) https://doi.org/10.1016/j.biocon.2009.06.015

«Yellowstone’s ungulates after wolves – expectations, realizations, and predictions» (2005) https://doi.org/10.1016/j.biocon.2005.01.048

«Wolf Recovery for Yellowstone National Park: A Simulation Model» (1992) https://doi.org/10.1007/978-94-011-2868-1_12

https://www.yellowstonepark.com/things-to-do/wolf-reintroduction-changes-ecosystem

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Carla Llorente de Miguelsanz

¡Hola! Soy Carla Llorente, bióloga de corazón y formándome para serlo de profesión. Inquieta desde cigoto, amante de la naturaleza y la fotografía. Nutriré vuestra curiosidad con artículos sobre zoología y comportamiento animal.

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