¿Cómo se protegen los animales del Sol?

Llega el veranito y con él, el Sol. ¿Quién no ha disfrutado de su cálido abrazo mientras echaba una cabezada? Pero… ¡MUCHO CUIDADO! Como ya sabéis, el Sol quema y, para los que hemos sufrido su azote, sabemos que no es nada agradable. En estas fechas, todos los medios de comunicación nos avisan sobre los efectos nocivos que tiene para la salud si abusamos de su compañía. Los seres humanos lo tenemos relativamente fácil: crema solar, un sombrero, gafas de sol, un helado… Sin embargo, ¿cómo hacen los animales que no tienen estos medios a su disposición? ¿Cómo se protegen ellos del acoso de los rayos solares?

Empecemos conociendo al Sol

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Fotografía del sol tomada con un telescopio – Fuente: Flickr

Imagino que todos conocéis a nuestro astro rey, pero estoy segura que no todos sois conscientes de lo que es capaz. El Sol es el ingrediente primordial para que en la Tierra pueda haber vida, gracias a él todo funciona de la manera en que lo hace. No obstante, a veces tendemos a olvidar que es una gran bola que arde a 5500ºC en su superficie y que, como tal, no sólo proporciona luz y calor sino también diversas radiaciones, algunas de ellas muy energéticas.

Una de ellas es la ultravioleta (UV), seguramente os suene pues es la más nombrada. La radiación UV se emite en un rango de longitudes de onda que es invisible para el ojo humano. Hay varios subtipos, clasificados según su longitud de onda, pero a nuestro planeta sólo llega el 10% del total de esta radiación que emana del Sol. De ese 10% que recibimos, aproximadamente el 77% queda bloqueado por nuestra gran heroína atmosférica, la capa de ozono. El 23% restante que consigue escapar y llegar hasta donde habitamos los seres vivos es casi en su totalidad radiación UVA, que es la llamada suave, ya que es la menos energética de todos los subtipos existentes. Y tan sólo una pequeñísima parte de radiación UVB, que es algo más fuerte que la anterior, llega hasta nosotros.

Entonces, teniendo en cuenta los porcentajes bajos de radiación que recibidos, podríamos pensar ¿por qué tanto revuelo? Lo cierto es que la exposición a radiación UV, por pequeña que sea, es altamente mutagénica. Esto quiere decir que provoca mutaciones, sí, como las de los X-men de Marvel pero con consecuencias más desalentadoras que volverse invisible o ser súper veloz. La exposición solar tiene consecuencias en la piel y otros órganos como: manchas, arrugas, pérdida de elasticidad y hasta cáncer. Pero no todo son peligros, la exposición solar moderada tiene ciertos beneficios. Por ejemplo, la radiación UVB es la que permite que nuestro cuerpo genere vitamina D en la piel, que a su vez es necesaria para la absorción del calcio que posteriormente se depositará en los huesos.

Fotoprotectores made in el cuerpo

El Sol lleva «acosándonos» desde que el mundo es mundo, por lo que la evolución se las he tenido que ingeniar para que los animales, entre ellos el ser humano, puedan lidiar con sus incomodidades. Para ello, existen distintas formas que varían de unos a otros, pero todas ellas radican en la acción de sustancias que crea el propio cuerpo de los individuos. Como dicen por ahí, si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo; y aquí se lo han tomado al pie de la letra. Conozcamos algunas de estas sustancias.

Representación en huevos de los distintos tonos de piel humana – Fuente: Pixabay

Melanina

Probablemente, muchos de vosotros en algún momento de vuestras vidas hayáis estado al aire libre, bajo el sol, realizando una tarea lo suficientemente entretenida como para perder la noción del tiempo. Al llegar a casa y meteros en la ducha, os habréis mirado el cuerpo sorprendidos y pensado: ¡anda, si me he puesto moreno! Este ponerse moreno o broncearse, es algo que muchos ansían actualmente, y se debe a la producción por parte del cuerpo de un pigmento conocido como melanina.

Esta sustancia es la respuesta autodefensiva natural para protegernos del azote de la radiación solar, cuanto más pigmentada está la piel, mejor protegida. Y como buenos animales, no somos los únicos organismos que la producimos. Un momento… ¿Quieres decir que hay animales que se ponen morenos? En efecto, los hay, y no son pocos. Aquellos que compartís vuestro tiempo con gatos y perros de razas sin pelo sabréis que no miento.

La gran mayoría de los cetáceos por ejemplo, infraorden al que pertenecen los delfines y las ballenas, también producen esta melanina en sus cuerpos. Al ser mamíferos y poseer pulmones tienen que salir muchas veces a la superficie a tomar aire, por lo que muestran durante horas su parte dorsal a las inclemencias del sol. Gracias a este pigmento cuidan su resbaladiza piel y evitan quemaduras.

Además, esto les supone una ventaja adicional para aquellos que son depredadores. Gracias a que se vuelven más oscuros por la parte superior que por la inferior, en sus cuerpos se crea un fenómeno de contrasombreado (adaptación que también se puede observar en los tiburones), lo que les hace más invisibles para sus presas.

Dos ejemplares de delfín gris, en los cuales la parte dorsal se aprecia más oscurecida – Fuente: Piqsels

Llegados aquí, y después de saber esto, podríamos pensar que entonces el resto de mamíferos que poseen una cubierta de pelo no tienen que preocuparse de las quemaduras. Pero lo cierto es que, con todo y eso, no están 100% protegidos, y aquellos que poseen un pelo muy corto también pueden pasar apuros. Para ello también producen melanina por debajo de sus pelajes.

Pero en el mundo animal no todo es melanina, como ocurre con nosotros. Vamos a conocer algunas de las otras sustancias con las que la naturaleza se las ha ingeniado para protegerse del sol.

Gadusol

El gadusol es un compuesto químico que protege de la radiación ultravioleta (UV). Éste, y otros similares que se descubrieron hace años, lo sintetizaban organismos como bacterias, hongos y algas. También estaba muy presente en los arrecifes de coral, algo lógico al estar tan expuestos y recibir gran cantidad de radiación solar. Más tarde, se encontró en reptiles, anfibios, aves, invertebrados y peces marinos, lo cual se atribuyó a la dieta en un principio. Al alimentarse de organismos que poseían estos compuestos, los peces y demás animales pasaban a incorporar esta sustancia.

No obstante, un estudio más reciente ha sido capaz de encontrar una serie de genes que contienen las «instrucciones» con las cuales los peces, en concreto los peces cebra (Danio rerio), son capaces de crear por sí mismos este compuesto químico. Sin embargo, sabemos que en ciencia no todo es tan simple y, a pesar de que todo apuntaba que nuestros compañeros con aletas creaban esta sustancia para no acabar más quemados que una sardina en un espeto, actualmente se cree que su función tiene más que ver con sus propiedades antioxidantes.

Dos ejemplares adultos de pez cebra – Fuente: Flickr

Además, a raíz de haber descifrado completamente todos los entresijos de la ruta de producción del gadusol, los investigadores han querido ir un paso más allá, y han conseguido incorporar esta maquinaria en levaduras. ¿Y esto para qué?

Hoy en día, la mayoría de los protectores solares que se comercializan contienen una serie de sustancias que son muy perjudiciales para los ecosistemas marinos. Lo que consiguen de estas levaduras modificadas es que les proporcionen cantidades suficientes de gadusol para poder usarlo e incorporarlo en fotoprotectores. Consiguiendo cremas solares respetuosas con el medio ambiente, ya que no poseen ningún compuesto químico ajeno a la naturaleza ni que sea nocivo para ella.

En el resto de animales que presentaban gadusol, aún está por ver si son también capaces de llevar a cabo esta síntesis de novo (o por sí mismos, hablando en castellano) de este compuesto. Hasta ahora, parece que en su genética al menos sí que aparecen esas «instrucciones».

Ácido hiposudórico

Por último, vamos a hablar de la sustancia más glamurosa que existe. ¡El sudor rojo de los hipopótamos! ¿Sudor rojo? Vale, es verdad que no es sudor como tal. Tampoco sangre como sugiere el nombre que recibe esta sustancia en inglés («blood sweat«) y que recibió después de que los primeros exploradores observaran este fenómeno. Se trata de un pigmento que esta especie (Hippopotamus amphibius), en exclusividad, excreta a través de unas glándulas subdérmicas que poseen por casi toda su piel, pero que son más abundantes en la parte dorsal y los flancos, los lugares más expuestos a la radiación solar.

Detalle de un hipopótamo donde pueden apreciarse unos puntos rojizos en las zonas más claras que se corresponden con las glándulas anteriormente mencionadas – Fuente: MaxPixel

Esta secreción viscosa de la piel en un primer momento es incolora, pero cuando recibe la radiación solar va tornándose roja gradualmente, momento a partir del cual se le denomina ácido hiposudórico. Después, cuando el pigmento ha polimerizado por completo, es decir, cuando todas sus moléculas se han unido químicamente, se vuelve marrón-anaranjado, y pasa a llamarse ácido norhiposudórico. Antes os dije que era la sustancia más glamurosa precisamente por este colorido, pero, pensándolo bien, creo que a nadie nos gustaría tener que lavar esas manchas tan vistosas.

Los científicos que han estudiado estos pigmentos han descubierto que se trata de sustancias extremadamente básicas (con pHs de entre 8,5 y 10,5), lo cual, además de hacerla un excelente fotoprotector, también la convierte en un potente antiséptico que protege la piel de estos animales frente a infecciones bacterianas.

Otros fotoprotectores naturales

Desde tiempos remotos, la humanidad, al igual que el resto de seres, ha tenido que lidiar con los rayos solares. Se sabe que para ello nosotros hemos usado diversos métodos, más allá de los que nos ha proporcionado nuestro cuerpo, para protegernos. Algunos más efectivos que otros: los griegos, por ejemplo, utilizaban aceite de oliva; los egipcios una mezcla hecha a base de extracto de arroz, jazmín y lupino.

Cerdo adulto disfrutando de un baño de barro – Fuente: Pixabay

¿Y los animales? Por supuesto ellos no son menos, y también se las ingenian para pasar desapercibidos a los rayos del sol. La práctica más extendida es la de rociarse la piel con barro y polvo, algo que nosotros hemos copiado en algunos tratamientos de spa. De esta manera, además de refrescarse y ayudar a regular la temperatura corporal cuando hace mucho calor, también añaden una capa protectora a la piel para evitar quemaduras una vez que se seca. Igualmente, esta técnica ayuda a prevenir las molestas picaduras de los insectos. Estoy segura que se os ocurren un montón de ejemplos, como el simpático cerdo que está disfrutando de este barro en la fotografía de arriba. Pero por si acaso, os echo una mano: elefantes, rinocerontes, búfalos

Y ya como última medida (a la desesperada) para impedir que te queme el Sol es, por supuesto, no exponerte a él de forma directa. Y no hablo sólo de una sombrillita en la playa, sino de irnos directamente al chiringuito y no salir de allí, así de paso nos tomamos algo fresquito. Muchos son los animales que optan por esta estrategia, pasan de ponerse morenos. Y así, eligen caminar sólo por zonas donde la cubierta vegetal sea abundante, como chimpancés o gorilas; dormir en lugares bien sombreados, como koalas y perezosos o no salir de las madrigueras durante el día, como pequeños mamíferos y reptiles de zonas áridas.

Conclusión

Como ya habéis visto, la naturaleza ha proporcionado diferentes armas para enfrentarse al Sol, como el sudor rojo de los hipopótamos o la melanina. Y en caso de que sean insuficientes, se buscan alternativas, como un placentero baño de barro al más puro estilo cerdito. En ocasiones incluso éstos se combinan con los primeros para echarle una manita al cuerpo y tener aún más protección. Lo que sea con tal no sufrir, porque como todos sabemos: con el Sol no se juega.

¡Disfrutad del Sol del verano! Con precaución claro, sabiendo cuales son las limitaciones de nuestra melanina y echándole una mano cuando ésta no dé abasto.

Artículo editado por Carmen de Jesús Gil.

Bibliografía / Para saber más

«De novo synthesis of a sunscreen compound in vertebrates» (2015) https://doi.org/10.7554/eLife.05919.002

«Biochemistry: Shedding light on sunscreen biosynthesis in zebrafish» (2015) https://doi.org/10.7554/eLife.07961

«The red sweat of the hippopotamus» (2004) https://doi.org/10.1038/429363a

«Studies on the red sweat of the Hippopotamus amphibius» (2007) https://doi:10.1351/pac200779040507


https://es.wikipedia.org/wiki/Radiaci%C3%B3n_ultravioleta – Radiación ultravioleta (ES)

http://www.scielo.org.mx/pdf/rmcp/v10n2/2448-6698-rmcp-10-02-416-en.pdf – Efectos de la radiación ultravioleta en animales domésticos (EN)

https://www.ccmr.cornell.edu/faqs/can-animals-get-a-sunburn/ – ¿Pueden los animales quemarse con el sol? (EN)

https://www.nationalgeographic.com/animals/article/130830-whales-sunburn-ultraviolet-radiation-ocean-animals-science – ¿Cómo evitan las ballenas las quemaduras solares? (EN)

https://doi.org/10.1111/j.1469-7998.1962.tb01822.x – Glándulas subdérmicas de los hipopótamos (EN)

https://es.wikipedia.org/wiki/Protector_solar#Historia – Historia de los protectores solares (ES)

https://plataformazeo.com/es/crema-solar-cambio-climatico-medio-ambiente/ – Efectos en el medio ambiente de las cremas solares (ES)

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Carla Llorente de Miguelsanz

¡Hola! Soy Carla Llorente, bióloga de corazón y formándome para serlo de profesión. Inquieta desde cigoto, amante de la naturaleza y la fotografía. Nutriré vuestra curiosidad con artículos sobre zoología y comportamiento animal.

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