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¿De dónde vienen las células sanguíneas? La hematopoyesis.

Científicos o no, todos hemos escuchado alguna vez que las células somáticas de nuestro cuerpo se dividen por mitosis y, de este modo, se cumplen funciones como la reparación y renovación de tejidos o el desarrollo y crecimiento del organismo. Pero, ¿es todo tan sencillo? ¿De dónde salen los glóbulos rojos? ¿Puede un glóbulo rojo maduro dividirse por mitosis y dar lugar a dos glóbulos rojos? Ciertamente, no todo es tan fácil. Si queremos llegar hasta nuestras células sanguíneas tal y como son mayormente conocidas, necesitamos atravesar todo un proceso madurativo y de especialización. En este articulo veremos qué es la hematopoyesis, la importancia de la médula ósea y cómo ocurre la formación de las células de la sangre.

¿Qué es la hematopoyesis?

Como se puede intuir, la hematopoyesis es todo el conjunto de procesos de formación, diferenciación y maduración de las células sanguíneas. Seguramente hayáis oído hablar de términos como el trasplante de médula en pacientes oncológicos. Esto puede resultar útil, como imaginaréis, en pacientes con patologías como la leucemia. Y, ¿A qué se debe este tratamiento? El motivo no es otro que la localización de la hematopoyesis. Si nos encontramos ante una patología en la que la producción de células sanguíneas es exagerada, trasplantar médula ósea roja para una correcta formación puede ser muy útil.

No obstante, me gustaría destacar que la hematopoyesis no tiene una localización fija a lo largo de la vida del individuo, ni de las diferentes células. Ésta tendrá lugar en órganos como:

  • Saco vitelino: será hematopoyético solamente en el periodo embrionario.
  • Hígado y bazo: ambos serán productores de células hemáticas en los primeros meses del periodo fetal.
  • Médula ósea roja: desde el final del periodo fetal hasta la adultez.

En realidad, cuando hablamos de órganos hematopoyéticos podemos referirnos a la médula ósea, el timo, los ganglios linfáticos, el tejido linfoide asociado a mucosas y el bazo. Como veis, ¡hay unos poquitos! Es por esto que contamos con un sistema para clasificarlos. Aquellos en los que maduran todas las células sanguíneas son los conocidos como órganos hematopoyéticos centrales (médula ósea y timo). En cambio, también existen los llamados órganos periféricos, que no son más que aquellos en que se lleva a cabo la maduración dependiente de antígeno de linfocitos B y T. Dicho de otro modo, donde los linfocitos estudian su especialidad.

Puntualizado esto, me gustaría retomar el hilo con la médula ósea roja. Para ello, vamos a entrar un poco en contexto sobre dónde nos podemos encontrar médula ósea roja y en qué ambiente se encuentra.

Más allá de los huesos.

Piensa por un momento en los huesos, recordarás que a grosso modo podemos distinguir entre tejido óseo compacto (exterior) y esponjoso (interior). Así mismo, dentro del tejido esponjoso nos encontramos con el tejido óseo trabecular y el estroma.

El proceso de la hematopoyesis,e s decir, el proceso de formación de las células sanguíneas comienza en la médula ósea, pero participan otros órganos como el bazo y el timo.
Imagen 1. Esquema general de la médula ósea.

El estroma óseo va a ser fundamental en la hematopoyesis. Esto se debe a que sirve de sostén de la médula ósea roja, la médula ósea amarilla y la red de capilares sinusoides que pasan por la zona. Además, ayuda a formar un ambiente que induce la hematopoyesis (microambiente inductivo hematopoyético); necesario para la anidación, crecimiento, mantenimiento y diferenciación de las células.

Cabe destacar que la médula ósea roja va siendo sustituida por médula amarilla (básicamente, adipocitos) a lo largo de toda la vida. No obstante, este cambio se puede revertir en un momento determinado en caso de ser necesario.

Sobre las células inmaduras.

Respondiendo a la cuestión de si los hematíes o glóbulos rojos pueden dividirse por mitosis para el mantenimiento de las células rojas en nuestra sangre, diré un rotundo no. El motivo es muy sencillo, y es que dentro los glóbulos rojos ni siquiera hay ADN, es decir, no poseen un núcleo. ¿Pero cómo es esto posible? Pues bien, esto es porque las células sanguíneas proceden de las llamadas células hemáticas germinales. De menos especializada a más, se ordenan como células:

  1. Madre indiferenciadas totipotenciales: pueden dar lugar a células de cualquier estirpe (mieloide, linfoide o eritroide).
  2. Progenitoras pluripotenciales: dan lugar a la línea mieloide o linfoide.
  3. Mono o bipotenciales: si pueden continuar el mapa madurativo por una ruta o por dos.
  4. Precursoras: son las progenitoras más diferenciadas. Solo pueden diferenciarse en una célula, menos los linfoblastos T, que pueden formar linfocitos T4 o T8.
  5. Maduras: constituyen el final del camino; decimos que por fin son funcionales.
Las diferentes células sanguíneas provienen de un grupo de células madre, que se diferencian en vías linfoides y mieloides. De esta manera, se forman las diferentes células de la sangre: los eritrocitos, leucocitos y las plaquetas.
Imagen 2. Diferentes etapas celulares de las vías linfoide y mieloide. Ambas provienen de una célula madre pluripotencial capaz de diferenciarse en leucocitos, eritrocitos o en megacariocitos que generan plaquetas.

Células madre mieloides y linfoides.

Ya hemos visto que, a nivel global, la hematopoyesis es un conjunto de procesos lleno de divisiones y diferenciaciones. De hecho, no está de más decirlo, en cada fase madurativa tienen lugar 2 mitosis y su correspondiente diferenciación. Aun así, ahora nos centraremos un poco más en estas células madre pluripotenciales.

Como apreciaréis en la imagen (ver Imagen 2), solo hay dos células progenitoras pluripotenciales, pero cuando pensamos en células sanguíneas, se nos vienen los nombres de eritrocitos, leucocitos y plaquetas. Esto es porque, como bien aparece en el esquema, la célula madre linfoide solo da lugar a los linfocitos. En cambio, la célula madre mieloide puede formar eritrocitos, plaquetas u otros leucocitos no linfoides (neutrófilos, basófilos, etc.).

En cuanto a los eritrocitos, destacaremos que el núcleo celular es expulsado al final de su etapa como eritroblasto ortocromático. Esta es la razón por la que los hematíes no poseen ADN. Tras esta fase, pasarán a ser reticulocitos, que son las únicas células inmaduras que se pueden encontrar en una proporción diminuta en sangre periférica (en condiciones fisiológicas). De lo contrario, estaríamos ante alguna patología (como una anemia). Además, destacaremos que los reticulocitos pueden reconocerse utilizando una tinción especial que precipita el ARN que puedan tener para la síntesis de hemoglobina, haciéndolo visible al microscopio.

Ahora llegamos a las plaquetas. Si no estáis familiarizados con la materia, no sé cómo os imaginaréis las plaquetas, pero no son más que fragmentos de citoplasma. Eso es, ¡no son células propiamente dichas! Cuando se forman los megacariocitos, estos se rompen liberando trocitos de su citoplasma y formando así las plaquetas.

Por último, vemos que los leucocitos son bastante variados y, por cierto, las únicas células verdaderas de la sangre circulante. ¡Para leer más podéis ver nuestro artículo de inmunología!

Conclusión.

Después de haber leído el artículo completo, podemos concluir que en nuestro organismo no todo es tan fácil como parece, ¡y la hematopoyesis no es sólo mitosis! En este artículo hemos visto cosas apasionantes, como que los hematíes pueden ser vulgarmente descritos como «sacos de hemoglobina». Además, hemos visto que los huesos no son un simple soporte mecánico (que también), sino que contribuyen en gran manera al mantenimiento de nuestros hematocitos. Por cierto, espero que después de este artículo no haya confusión entre médula ósea y médula espinal.

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Pablo Cruz Hornillo

Mi nombre es Pablo y soy un técnico de laboratorio que está a punto de acabar su formación. Siento un gran gusto por la lectura y la divulgación de conocimientos científicos. Me apasiona la idea de intentar despertar en los demás curiosidad y admiración por el mundo que nos rodea.