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Causas de la obesidad infantil y cómo combatirla

Almudena García Carrasco

Almudena García Carrasco

Cada vez somos más conscientes de las alarmantes cifras de sobrepeso y obesidad a nivel mundial, que se han triplicado en los últimos 50 años y que continuarán haciéndolo si mantenemos la tendencia actual (recuerda que ya hablamos de ello) pero, ¿somos conscientes de qué ocurre con la obesidad infantil?

Se calcula que 400 millones de niños en todo el planeta padecerán obesidad para el año 2035, un 100% más que en 2020. Actualmente en España contamos con aproximadamente un 20% de menores con sobrepeso y un 15% con obesidad.

¿Pero es que nadie va a pensar en los niños?

El factor de riesgo más comúnmente asociado a la obesidad infanto-juvenil es la nutrición. Un consumo excesivo de calorías aumenta el riesgo de padecer obesidad, una dolencia cada vez más frecuente dado que los alimentos ultraprocesados son muy ricos energéticamente y están cada vez más al alcance de la mano. Todo esto se une a que las porciones de comida son cada vez más generosas debido al incremento en el hábito de comer fuera.

Pero no sólo las calorías ingeridas constituyen un factor de riesgo, sino que la calidad de la dieta también influye en los niveles de obesidad, como por ejemplo saltarse el desayuno, lo que favorece la adiposidad o aumento de grasa presente en el cuerpo.

obesidad infantil
Figura 1. La campaña “Despierta, desayuna” buscó promocionar el hábito de desayunar y explicar las características que debe cumplir un desayuno completo y equilibrado. Fuente: https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/web/nutricion/campanyas/aecosan_campanya_5.htm

La cada vez menor actividad física no ayuda a quemar las calorías ingeridas con la dieta. Se ha demostrado que existe una relación significativa entre el uso de pantallas y una menor actividad física que contribuye al incremento de obesidad infantil.

Pero el peso de nuestros menores no es solo responsabilidad suya, ya que se ha demostrado que son los que quedan más afectados por el ambiente que les rodea -familiar, social y medioambiental-.

El peso de los padres -tanto el del padre como el de la madre-, influyen en el peso de la descendencia. Por ejemplo, si el peso de la madre era elevado antes del embarazo, esto favorecerá el incremento de peso en los hijos. Además, que un bebé nazca con un bajo peso le predispone a ser un individuo obeso en el futuro. Sin embargo, el factor que resulta más relevante es el ambiente familiar, es decir, qué costumbres nutricionales y de actividad física (amén de los genes) van a heredar los hijos de sus padres.

Y el sueño, no te olvides de dormir bien. Es fundamental en la lucha contra la obesidad.

La obesidad de nuestros menores también está afectada por factores socioeconómicos -bajo estatus socioeconómico, baja educación de los padres, cuidadores que no sean los padres, baja ingesta de frutas y verduras, escasas horas de sueño y obesidad parental-, aspectos que sí podemos llegar a regular mediante medidas de intervención sociosanitaria.

Hasta la fecha se han descrito algunos contaminantes que pueden actuar como disruptores endocrinos y facilitar la obesidad, pero todavía hoy no sabemos en qué porcentaje contribuyen a la obesidad. Puedes leer más aquí. El consumo de alcohol y tabaco favorece la ganancia de peso en la descendencia debido a cambios en la microbiota.

¿Cómo afecta la obesidad a niños y adolescentes?

Al igual que ocurre con los adultos, la obesidad tiene serias consecuencias sobre los cuerpos de los más jóvenes. Ahora sabemos que la obesidad infantil aumenta entre tres y cinco veces el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular cuando el individuo sea adulto. Además, los niños con obesidad tienen un riesgo tres veces superior a desarrollar hipertensión que los niños con normopeso. Entre los riesgos asociados encontramos la hiperinsulinemia -un exceso de insulina en sangre- o la resistencia a la insulina, dislipidemia -el perfil lipídico en sangre está alterado-, hipertensión, defectos ventriculares y alteraciones en la función del endotelio -en los vasos sanguíneos-.

La obesidad también lleva asociada la diabetes mellitus tipo 2 que, en el caso de los adolescentes, favorece la destrucción de las células pancreáticas responsables de producir insulina unas 4 veces más rápido de lo que se produce en un adulto. Asimismo, el daño a otros órganos también se acelera, lo que favorece, por ejemplo, la aparición de hígado graso no alcohólico, apnea del sueño, hipertensión intracraneal, nefropatía, mayor riesgo de infecciones, complicaciones ortopédicas y problemas psicosociales.

El hígado graso no alcohólico cursa con peor pronóstico que en los adultos, ya que los niños con obesidad presentan unos mayores niveles de cirrosis que los adultos con obesidad. La apnea del sueño, por su parte, puede causar retraso en el crecimiento, una disminución en la función intelectual, un incremento en la morbilidad cardiovascular, resistencia a la insulina y ganancia de peso.

Asimismo, el establecimiento de la pubertad se da antes entre los niños con sobrepeso u obesidad -especialmente si está persiste durante más de un año-, debido al incremento en la secreción de la gonadotropina.

Figura 2. Representación esquemática de las consecuencias de la obesidad sobre niños y adolescentes. Fuente: https://cuidateplus.marca.com/familia/nino/2019/06/03/consecuencias-salud-obesidad-ninos-170169.html

Es frecuente que cuando se habla de los efectos de la obesidad sobre el cuerpo nos centremos en las consecuencias físicas, pero no podemos dejar de mencionar el efecto que tiene sobre la salud mental y psicosocial. El estigma y la desaprobación pública experimentada por las personas con obesidad se da con mayor intensidad en las mujeres. En el caso de los niños, la obesidad favorece que desarrollen ansiedad y depresión con más facilidad que los niños sin obesidad, así como un mayor riesgo de acoso escolar y fallo académico que puede condicionar su futura adultez. En el caso de las niñas con obesidad este proceso es más acentuado que en los niños con obesidad.

Estas complicaciones conllevan que los niños con obesidad requieran de una mayor atención por parte de los servicios de salud -especialmente por los problemas psicosociales y musculoesqueléticos- y, por tanto, de un mayor número de prescripciones, hospitalizaciones más largas y un mayor número de estancias en las UCIs.

¿Cómo combatir la obesidad infantil?

A pesar del componente genético que puede contribuir a la obesidad, se pueden instaurar medidas de prevención en otros aspectos. Las medidas que se pueden tomar para luchar contra las cifras de obesidad infantil se centran en la prevención, para evitar su instauración, y en el tratamiento en caso de que ya exista obesidad infantojuvenil.

Las medidas preventivas se pueden agrupar según la edad del menor. Hasta los dos años se favorecerá la lactancia materna y durante la etapa de alimentación complementaria se evitarán productos de fórmula con azúcares añadidos y dosis altas de proteínas.

Una vez que el niño vaya creciendo, se le ofrecerán raciones de comida adecuadas a su edad y a su actividad física, sin forzar su ingesta y evitando malas costumbres como el uso de pantallas.

La educación nutricional es fundamental: aprender a reconocer los principales componentes de cada comida para mantener un equilibrio, los riesgos de ingerir productos ultraprocesados, cómo nos puede afectar ingerir un alimento según la forma de preparación -las frutas, por ejemplo, son ricas en fibras pero si las ingerimos como zumos o licuados perderemos esta fibra y estaremos ingiriendo grandes cantidades de azúcares simples como en un zumo industrial-, familiarizarse con los etiquetados nutricionales…

El gobierno de los Estados Unidos puso en marcha la campaña de recomendaciones dietéticas MyPlate para orientar a los padres en la correcta alimentación de sus hijos y que pueden encontrarse aquí -parte de ello en español-. Las recomendaciones del Gobierno de España pueden encontrarse en esta página.

Figura 3. El ambiente familiar es esencial para contribuir a una correcta educación nutricional y contribuir a la realización de actividad física, ya que servirán de ejemplo y apoyo para los niños y adolescentes. Fuente: Envato elements.

El fomento de la actividad física y de una correcta higiene del sueño, así como una reducción del consumo de pantallas es esencial en la prevención de la obesidad infantil. Se ha comprobado que los niños que duermen lo suficiente consumen mejores opciones nutricionales como frutas y verduras. Por su parte, el consumo de pantallas no solo impide realizar actividad física, sino que el tiempo delante de éstas se asocia con un mayor consumo de redes sociales donde se dan recomendaciones -nada recomendables- sobre nutrición, especialmente por parte de personas que ya han intentado perder peso antes.

Todas estas recomendaciones son fundamentales a la hora de prevenir y tratar la obesidad infanto-juvenil, pero es esencial que estén apoyadas por todo el entorno familiar ya que éste constituye un pilar fundamental en el establecimiento de hábitos. De hecho, en algunos casos, los planes de intervención han sido desarrollados para que sean llevados a cabo por toda la familia.

Los niños nacidos por cesárea tienen un 30% más de probabilidades de desarrollar obesidad que los que han nacido por parto vaginal -todavía no se sabe por qué, se cree que esto puede ser debido a la microbiota recibida en los distintos tipos de parto-. Además, la alimentación de fórmula se asocia con un exceso de nutrientes -grasas y proteínas- que exceden las necesidades neonatales y favorecen la adiposidad.

El tratamiento farmacológico está destinado a los mayores de 18 aunque ya se cuenta con estudios controlados para menores. Si los cambios en los hábitos de vida fallan y no se consigue que los adolescentes bajen de peso, se considerará una intervención de cirugía bariátrica para aquellos casos de obesidad grave.

Obesidad, estigma y lenguaje inclusivo

Para combatir el estigma asociado a la obesidad y reducir sentimientos hirientes, la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad propone utilizar un lenguaje centrado en la persona. Es decir, evitar decir ‘persona obesa’ y sustituirlo por ‘persona con obesidad’ o que ‘vive con obesidad’ y sustituir ‘gordura’ por ‘peso no saludable’, entre otros ejemplos.

Figura 4. La Coalición Europea para Personas que Conviven con Obesidad ha creado un banco de imágenes libres de derechos de autor que evite los estigmas asociados a la obesidad. Fuente: Envato elements.

De esta forma buscan combatir estereotipos sociales asociados a la obesidad, como que las personas con obesidad son perezosas, no hacen ejercicio, o no siguen las recomendaciones sanitarias.

Conclusión

Las cifras de obesidad infantojuvenil no dejan de crecer. Para poder frenarlas es esencial que nuestros niños y adolescentes cuenten con el apoyo de su familia y con una educación nutricional básica que les permita crecer de la manera más saludable posible.

Artículo editado por Equipo de Microbacterium

Bibliografía

World Obesity Day. https://www.worldobesityday.org/

Shaban Mohamed, M. A., AbouKhatwa, M. M., Saifullah, A. A., Hareez Syahmi, M., Mosaad, M., Elrggal, M. E., Dehele, I. S., & Elnaem, M. H. (2022). Risk Factors, Clinical Consequences, Prevention, and Treatment of Childhood Obesity. Children (Basel, Switzerland), 9(12), 1975. https://doi.org/10.3390/children9121975

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People-First Language. (2024). https://easo.org/people-first-language/

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