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Fármacos antiinflamatorios: el arte de la irritación estomacal

Los fármacos antiinflamatorios, los bomberos de la inflamación, esos pequeños superhéroes en forma de píldora que siempre están listos para luchar contra la hinchazón y el dolor. Seguramente alguna vez te han venido a la cabeza las siguientes preguntas: ¿cómo actúan en nuestro cuerpo? ¿Qué tienen que ver con nuestro estómago? 

Con el objetivo de entender el funcionamiento de estos fármacos y responder a las cuestiones mencionadas anteriormente, definiremos qué es un fármaco antiinflamatorio y qué es la inflamación.

¿Qué es un fármaco antiinflamatorio?

Los fármacos antiinflamatorios son una categoría de medicamentos diseñados para reducir la inflamación en el cuerpo. La inflamación es una respuesta natural del sistema inmunológico en reacción a lesiones, infecciones u otros desencadenantes. Sin embargo, en algunas situaciones, la inflamación puede ser excesiva o crónica, lo que lleva a un malestar significativo y daño en el tejido. En tales casos, los fármacos antiinflamatorios desempeñan un papel fundamental en el tratamiento de diversas afecciones médicas mediante la modulación de respuestas bioquímicas y celulares que regulan la inflamación.

Existen dos clases principales de fármacos antiinflamatorios: los no esteroideos (AINE) y los esteroideos. Los AINE, como el ibuprofeno, el paracetamol y el naproxeno, bloquean la acción de enzimas específicas involucradas en la producción de sustancias químicas llamadas prostaglandinas, las cuales promueven la inflamación. Por otro lado, los esteroideos, como la prednisona, suprimen de manera más general la respuesta inflamatoria del sistema inmunológico, lo que puede llevar a importantes efectos secundarios.

Los fármacos antiinflamatorios se utilizan para tratar una amplia variedad de condiciones médicas, que incluyen enfermedades autoinmunitarias como la artritis reumatoide, trastornos inflamatorios intestinales como la enfermedad de Crohn y condiciones inflamatorias de los tejidos blandos. Además, también se recetan para el alivio del dolor y la inflamación después de cirugías y lesiones traumáticas.

La elección del tipo de fármaco antiinflamatorio y su dosificación dependen de la condición médica específica de cada paciente, sus necesidades y su historial médico.

¿Qué es la inflamación?

La inflamación es una respuesta no específica y fisiológica que tiene nuestro cuerpo, mediada por el sistema inmunitario, frente a un daño provocado por agentes de distintas naturalezas, cuyo objetivo es la activación de las células inmunitarias.

Concretamente, es la manera que nuestro cuerpo tiene para defenderse y, por lo tanto, a pesar de que intentamos por todos los medios deshacernos de ella mediante fármacos de varios tipos, es un mecanismo biológico fundamental sin el cual no podríamos sobrevivir.

¿Cómo se produce la inflamación?

Para entender como un fármaco antiinflamatorio actúa es necesario comprender exactamente como se desencadena la inflamación en nuestro cuerpo.

Imaginad una escena de película de acción en la que el sistema inmunitario se convierte en un equipo de superhéroes vengadores, listos para proteger nuestro cuerpo. Cuando ocurre un daño, tomas un golpe o una lesión, el sistema inmunitario se activa y despliega su arma secreta: ¡La inflamación!

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Figura 1. Representación del mecanismo de defensa del sistema inmunitario contra los agentes patógenos. Imagen de pikisuperstar en Freepik.

La inflamación se produce gracias a pequeñas moléculas, llamadas ‘mediadores de la inflamación’, acérrimas enemigas de los fármacos antiinflamatorios, que consisten en lípidos (prostaglandinas), aminoácidos modificados (histaminas) y pequeñas proteínas como las citoquinas.

Los macrófagos y los mastocitos, células inmunitarias capaces de detectar lesiones o la presencia de patógenos, son las estrellas del show. Los macrófagos, al detectar una amenaza, liberan citoquinas y seguidamente los mastocitos, pequeñas células cargadas con un arsenal de histaminas, cuando detectan el estrés inducido por las citoquinas, sueltan un grito agudo: ¡Histaminas, vengan a mí! Y así, comienza el caos. Las histaminas se liberan al estilo confeti, causando hinchazón y enrojecimiento en el área afectada. 

Os estaréis preguntando ¿Qué papel juega la inflamación en la respuesta del sistema inmunitario? La producción de histaminas y otros mediadores como las prostaglandinas provoca alteraciones vasculares (edema e hinchazón) que permiten y facilitan la llegada de otras células inmunes (leucocitos) desde la sangre al foco inflamatorio, las cuales se encargarán de enfrentarse al enemigo y destruirlo, pero esa es otra historia.

¿Cómo actúan los fármacos antiinflamatorios?

Aquí es cuando el valiente fármaco antiinflamatorio aparece en la escena para calmar la inflamación y restaurar la paz pero ¿cómo? Fácil, principalmente neutralizando la acción de los mediadores de la inflamación como las histaminas y las prostaglandinas, las mensajeras moleculares que promueven el dolor.

Ahora, lo que nos interesa entender es que la mayoría de los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como la aspirina, el ibuprofeno y el naproxeno para neutralizar la inflamación bloquean la acción de un tipo específico de prostaglandinas, llamadas Ciclooxigenasas-1 y 2 (COX-1 y COX-2).

¿Qué relación tienen los fármacos antiinflamatorios con el estómago?

La clave está en entender el papel que tienen COX-1 y COX-2, porque sí, son hermanas, pero muy diferentes.

COX-1 se encuentra ampliamente distribuida en el revestimiento estomacal, donde desempeña un papel fisiológico importante en la protección de la mucosa gástrica y la homeostasis del estómago. La actividad de COX-1 en el estómago resulta en la síntesis de prostaglandinas que estimulan la producción de moco protector y mantienen la integridad del revestimiento estomacal.

Por otro lado, COX-2 se sintetiza en respuesta a estímulos inflamatorios y se encuentra en áreas de inflamación y lesión tisular y está directamente asociada con la producción de las famosas prostaglandinas inflamatorias.

¿Ya tienes la respuesta verdad? Debido a que COX-1 y COX-2 comparten una similitud estructural y funcional, algunos fármacos antiinflamatorios para neutralizar la acción de COX-2 y por consecuencia la inflamación, también pueden tener un efecto inhibidor sobre COX-1, lo que conlleva un mayor riesgo de irritación y daño en el revestimiento gástrico a la hora de tomar estos fármacos.

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Figura 2. Inflamación estomacal. Imagen de jcomp en Freepik.

Por lo tanto, para minimizar el riesgo de efectos adversos en el estómago, se recomienda tomar los fármacos inhibidores de COX-2 junto con alimentos. La ingesta de alimentos o algunos medicamentos específicos llamados gastroprotectores ayudan a reducir la exposición directa del estómago a estos medicamentos y permiten que COX-1 mantenga su función protectora en la mucosa gástrica durante la digestión.

Es importante destacar que los fármacos AINE, por su mecanismo de acción, se pueden agrupar en dos subgrupos: inhibidores no selectivos de la ciclooxigenasa e inhibidores selectivos de la ciclooxigenasa-2, es decir, según su acción frente a la síntesis de las prostaglandinas. Esto quiere decir que no todos los fármacos antiinflamatorios tienen el mismo efecto disruptivo hacia nuestro sistema gastrointestinal.

Los fármacos antiinflamatorios en la actualidad

La última Encuesta Nacional de Salud en España (2017) revela que una parte significativa de la población (15%) se automedica, siendo los AINE los fármacos mayormente utilizados.

Conocer los efectos secundarios y las contraindicaciones de estos medicamentos es crucial para evitar riesgos innecesarios, ya que al tomar conciencia de los posibles efectos adversos podemos tomar medidas para minimizarlos o buscar alternativas más seguras si es necesario.

En última instancia, la educación y la concienciación sobre los efectos de los medicamentos nos empoderan para tomar decisiones responsables y proteger nuestra salud de manera más efectiva.

Conclusión

El estudio de las interacciones de los fármacos en nuestro cuerpo es de vital importancia para comprender los efectos secundarios que pueden surgir. Aunque estos medicamentos son fundamentales para aliviar la inflamación y reducir el dolor, también pueden provocar efectos no deseados. 

En conclusión, aunque la inflamación puede ser incómoda y desagradable a veces, es una respuesta natural del sistema inmunológico ante lesiones o infecciones y nos ayuda a defendernos y sanar.

Es un recordatorio de que nuestro sistema inmunitario siempre está dispuesto a protegernos, incluso si lo hace de una manera un tanto exagerada y deslumbrante.

Artículo editado por Equipo de Microbacterium

Bibliografía

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Pia Fevola

Pia Fevola

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