El pasado 23 de diciembre de 2025, el exboxeador español y cuatro veces campeón de Europa, Kerman Lejarraga, apareció en la Cadena SER para hablar sobre los problemas de salud que le obligaron a retirarse de la competición en 2023, con tan solo 30 años. Durante la entrevista, relató los graves problemas neurológicos que había comenzado a sufrir como consecuencia de la acumulación de golpes recibidos a lo largo de su carrera: “Yo tengo una lesión en la cabeza por los golpes. Ahora puedo hablar, pero antes no podía ni hablar, y andar… me caía, veía doble, conducir fatal… Vi que algo raro pasaba, porque los golpes me dolían».
Kerman marcó una época en el boxeo español, y su retirada fue un duro golpe para todos los aficionados del deporte. Sin embargo, su caso no es una excepción, sino un ejemplo más de un problema que ha acompañado al boxeo, y a otros deportes, desde sus orígenes: las consecuencias neurológicas derivadas de los traumatismos (o golpes) craneoencefálicos repetidos, conocida hoy como encefalopatía traumática crónica.
No obstante, esta patología no solo afecta a los boxeadores, sino que es un problema que aparece en otros deportistas, incluso a nivel amateur o de ocio, militares o personas que sufren abusos domésticos. Pero, sin embargo, en muchas ocasiones es confundido con Alzheimer o Parkinson, suponiendo esto una complicación en el diagnóstico y tratamiento de numerosos pacientes con este tipo de problemas neurológicos.
Por esto, es de vital importancia conocer esta patología tan común en el día a día y que a su vez pasa muy desapercibida.
Índice de contenido:
¿Qué es la encefalopatía traumática crónica?
Deportes como el boxeo, donde se requiere el uso y control de prácticamente todas las capacidades físicas, mentales y motoras, han sido ampliamente evidenciados por sus efectos positivos en la mejora cardiovascular, coordinativa, muscular, emocional, y un largo etcétera.
No obstante, en la mayoría de deportes con contacto, como el fútbol, rugby o artes marciales se producen golpes o sacudidas de forma repetida. Algún golpe aislado y de bajo grado no tiene importancia, pero cuando estos golpes de bajo grado se repiten continuamente y no se toman las medidas necesarias, se puede desencadenar una reacción que conllevará, años después, a problemas cerebrales, conocidos como encefalopatía traumática crónica (ETC).
Un síndrome neurodegenerativo que sigue un deterioro progresivo, y sus neuropatologías y alteraciones pueden manifestarse tras un periodo de latencia prolongado, que puede abarcar desde algunos días hasta más de 40 años. Entre sus síntomas destacan el deterioro de la memoria (como el Alzheimer), la depresión, dificultades del lenguaje o trastornos motores (como el Parkinson), entre otros muchos.
Pero, ¿qué ocurre en el interior de tu cerebro?
A diferencia de lo que podría parecer, un golpe en la cabeza no destruye neuronas de forma inmediata. En su lugar, desencadena una serie de procesos biológicos que alteran el funcionamiento normal del cerebro y cuyos efectos pueden incluso décadas en manifestarse.
Cuando recibimos un golpe en cualquier parte del cuerpo se produce una inflamación, que no es otra cosa que nuestro cuerpo o sistema inmunitario tratando de reparar los tejidos que se han visto afectados por dicho golpe. En el cerebro ocurre lo mismo, tras un golpe se produce un estado inflamatorio que trata de reestablecer el orden natural y sano del cerebro.
El problema aparece cuando los golpes o sacudidas se repiten con frecuencia, como ocurre en deportes de contacto, que pueden provocar daños en los vasos sanguíneos cerebrales y en la barrera hematoencefálica, una fina capa que protege nuestro cerebro del exterior. Cuando se reciben golpes, el estado de esta barrera puede verse alterado, contribuyendo al estado inflamatorio. Esto hace que el sistema inmunitario del cerebro esté continuamente activado (hiperactivado), lo que provoca que el estado inflamatorio se vuelva crónico, es decir, permanente.
Esta inflamación persistente dificulta la capacidad del cerebro para recuperarse correctamente y favorece la aparición de alteraciones celulares y moleculares, entre ellas el envejecimiento celular acelerado y la acumulación anómala de proteínas como la tau hiperfosforilada y la β-amiloide. Con el tiempo, estos cambios pueden traducirse en problemas de memoria, alteraciones del comportamiento y deterioro de las funciones cognitivas, cada vez más difícil de revertir.
Es por esto por lo que, al igual que en estas enfermedades mencionadas, la ETC se va desarrollando poco a poco y en muchos casos cuesta diagnosticarla correctamente, pudiendo confundirse con Alzheimer o Parkinson debido al solapamiento de síntomas.
Prevalencia, factores de riesgo y tratamiento
Por desgracia, la prevalencia está muy lejos de ser conocida o estimada con precisión, ya que para poder diagnosticar con precisión esta enfermedad, hoy en día se necesitan hacer análisis post-mortem. Sin embargo, los estudios más recientes indican que esta patología puede presentarse en mayor o menor medida hasta en la mitad de los ex-boxeadores. En otros estudios más generales estimaron que el 9% de ex-deportistas de deportes de contacto llegaban a padecer de ETC.
Es decir, es una patología que pese a lo poco conocida que es, probablemente afecta a bastante más población de la que estimamos.
Actualmente no existe ningún tratamiento capaz de detener o revertir la enfermedad, aunque existen ensayos clínicos dirigidos contra proteínas como tau o β-amiloide.
¿Esto significa que hay que dejar de practicar deportes de contacto?
Rotundamente no. Todos estos deportes tienen numerosos beneficios, y dejar de practicarlos supone un empeoramiento en la calidad de vida en muchos sentidos. Además, algunos de estos deportes están profundamente arraigados a nuestra cultura y suponen un pilar fundamental en la vida de incontables personas.
Pero es por eso mismo que es más necesario aún conocer esta patología, estudiarla y poder prevenirla con mayor eficacia. Algunos consejos que pueden ser útiles en la prevención y salud cerebral son intentar minimizar los golpes en los entrenamientos y llevar a cabo todas aquellas medidas destinadas a reducir la inflamación cerebral, como descansar bien, seguir una dieta antiinflamatoria baja en grasas saturadas, controlar el estrés diario, meditar, etc.
Conclusión
Kerman Lejarraga tenía solo 30 años cuando tuvo que colgar los guantes. Su cerebro llevaba años pagando, en silencio, la factura de cada golpe recibido sobre el ring.
Y ese es precisamente el problema de la ETC: no avisa. Se desarrolla poco a poco, golpe a golpe, hasta que un día el cuerpo empieza a fallar y ya es demasiado tarde para revertirlo.
Por eso no se trata de dejar el boxeo, el fútbol o el rugby, sino de empezar a tratar cada golpe en la cabeza con el respeto que merece. Porque, aunque no lo notemos en el momento, el cerebro sí lleva la cuenta.
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